Este equipo de Racing difiere mucho a aquellos de torneos anteriores. A aquel del la temporada 2007-2008 que sufrió la renuncia de Gustavo Costas y naufragó en los últimos puestos durante el interinato de Miguel Angel Micó, y que permaneció en Primera después de sortear con lo justo a Belgrano de Córdoba en la Promoción, con el Chocho Llop al borde de un infarto. Ese equipo que con Sava como capitán se reunía después de cada entrenamiento a digramar un discurso unificado ante la prensa para no alimentar rumores que enturbecieran aun más la situación, a este de Luguercio, que a pesar de haber quedado relegado al banco de suplentes siendo una de las figuras y uno de los ídolos de la hinchada, manifiesta públicamente su conformismo con la situación, y sus ganas de seguir en La Academia. Tampoco se parecen este Racing a aquel de Ricardo Caruso Lombardi de la temporada pasada que en el Apertura 2009 sólo sumo 16 puntos, sufrió 27 goles en contra y convirtió nada más que 17. Racing cambió, cambió por Russo. Por la mano de ex técnico de Boca que a principios de temporada logró que los dirigentes incorporasen a Giovanni Moreno, figura de este equipo y del campeonato, ese distinto, el que aporta el talento genuino y contagia al equipo al punto tal de ir a Rosario a jugarle de igual a igual a Newells, y ganarle en su propia casa al equipo de Sensini. Porque Russo buscó y consiguió una base, empezando por una defensa que sale de memoria, por un medio campo que combina la marca de Yacob, la juventud de Fernández y el talento y el sentido de la ubicación de Toranzo, y que culmina en una delantera explosiva y goleadora, Hauche y Bieler, quienes tienen un recambio de lujo como lo es Luguercio.
Desde 2003 con el Pato Fillol como entrenador que Racing no experimentaba en terrenos internacionales. Si el equipo mantiene el nivel en estos dos partidos que restan del campeonato, y si Independiente no se consagra ante Goias por la Sudamericana ( el título le permitiría a los de Mohamed quedarse con la última plaza en disputa) volverá a disputar la Copa Libertadores. Aquella vez con el Pato, durante la presidencia de Fernando Marín la Comisión Directiva había elegido bien, al menos deportivamente. Se habían incorporado jugadores de jerarquía y se había mantenido una base de jóvenes, entre ellos Mariano González, que hicieron que el equipo avanzara prolijamente en los dos campeonatos hasta la debacle que se produjo después de la eliminación ante América de Cali en octavos de final. Hoy también acertaron los dirigentes de este nuevo Racing comandado ahora por Rodolfo Molina. Acertaron en el técnico, en los jugadores, en ser responsables de una nueva ilusión que se genera en una de las mitades de Avellaneda por el buen andar del equipo en el Apertura, 4º con 28 unidades a una sóla de entrar en el podio del certamen y con el sueño copero amparado ahora como una realidad y no como esa eximia quimera producto de las continuas acechanzas del descenso. Las cadena de aciertos rinde sus frutos en Racing, la simbiosis perfecta que empezó con la contratación de Miguel Russo, el eje de la resurrección.
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