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lunes, 8 de noviembre de 2010

Los riesgos de morir siempre con las botas puestas

La crisis de continuidad de entrenadores que sacude al fútbol argentino no discrima ningún tipo de argumento futbolístico; arrasa con todos con el mismo grado de inclemencia. Defensivos, ofensivos, aquellos que asumieron en un equipo recién ascendido al que se incorporaron más de 20 jugadores; ninguno es capaz de sortear una racha negativa prolongada (aunque lo de prologanda se mide también en términos carnívoros) sin confluir en una renuncia o en un despido.
La salida del técnico de River, Angel Cappa, quien esta tarde fue despedido por una Comisión Directiva contagiada por esta tendencia cruel, es la variante más ingrata de esta película infatigablemente repetida en los útlimos años. Angelito tuvo que afrontar la dura tarea de conducir a un equipo acostumbrado a ganar, pero con un presente acechado por el fantasma de la promoción. Si bien es cierto que, dado los refuerzos que pidió e incorporó a inicios del campeonato, pudo haber sumado una cantidad de puntos mayor a los 18 que River logró en estas 13 fechas, también lo es que durante los primeros partidos el equipo consiguió un volumen de juego que hizo que su gente acompañara llenando el estadio cada domingo. Por momentos, recuperó el protagonismo de un River tan acostumbrado a rebajarse ante rivales que anteriormente iban al Monumental en busca de perder por no más de dos goles. Valorizó a jóvenes como Funes Mori, Lamela o Lanzini y cuando sobrevinieron los malos resultados, mantuvo sus criterios futbolísticos ante las duras críticas de un periodismo que consideró para el momento de River un esquema que le permitiera cerrar partidos antes que pensar en el arco de enfrente. Cappa murió con las botas puestas, pero ¿es necesario correr este, un riesgo inadmisible en la era resultadista?.
Al igual que el ex técnico de Huracán, Claudio Borghi se mantiene inalterable en sus conviciones, en su línea de tres que tantos problemas defensivos le ha generado a un Boca mediocre y al propio Borghi más de un replanteamiento sobre su continuidad. Tal es así que El Bichi declaró hoy su desconocimiento a si estará o no en el banco de Boca el próximo partido del Xeneize, ni más ni menos que contra River el martes 16. En los próximos días, Borghi podría ser otra de las caras de ese matiz más despiadado de los incumplimientos de contratos.
La era resultadista invadió por completo al fútbol argentino, y una de sus redes más corrosivas es la inexistencia de plazos racionales para el análisis del trabajo, ya no solo de entrenadores, sino también de jugadores que si no deslumbran en sus primeros partidos, no sirven. Ante esta insoslayable realidad, están los que como Cappa o como Borghi, a pesar de los riesgos a los que se exponen, prefieren una derrota fiel antes que una victoria hipócrita.

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