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domingo, 27 de febrero de 2011

Boca hizo méritos para ganarle a All Boys pero extrañó a Riquelme a la hora de la definición

Fue protagonista y tuvo las mejores chances para ganar el partido, pero le faltó claridad a la hora de definir esas situaciones. Falcioni respaldó a sus jugadores pero se retiró de la cancha ante el pedido del público por su ídolo. All Boys festejó el 0 a 0.

El sendero hacia la idolatría se forja, además de las características del ídolo, por factores extrínsecos que propensan su figura. Precisamente ayer otro de esos sucesos del destino le tendió el brazo a Juan Román Riquelme que a pesar de no estar presente fue el más activo de la noche de la Bombonera. Porque el desarrollo de Boca y All Boys le sentó muy bien a la lógica necesaria para el reforzamiento de su condición de estrella. El enlace, eje central de discusión durante la semana, excluido por Julio César Falcioni de la lista de concentrados fue exactamente lo que necesitó su equipo para romper un empate injusto, para doblegar la resistencia del equipo visitante que al paso de los minutos robuesteció, y sólidamente, un cerrojo defensivo impenetrable para cualquiera de los hombres xeneizes que el técnico puso en cancha, pero, según el pensamiento del hincha que coreó su apellido antes, durante y después del partido, vulnerable a algún arrebato imaginario del 10 local.

Boca fue una expresión viva de un equipo con muchas ganas, con mucha ansia de protagonismo y empuje para llegar al arco rival. De hecho, a medida que transcurrían los minutos Nicolás Cambiasso fue moldeando una actuación de figura. Pero las ganas y el tesón son condimentos para llegar, pero no para concretar. Son las armas suficientes que permiten someter al rival, pero se tornan estériles cuando se entra en zona de definición. Ahí, la inteligencia aplicada a las ideas, marca la diferencia. Y en esos últimos metros es donde falló Boca. En esa zona de ejecución extrañó a su ídolo, a lo que Riquelme sabe hacer o generar cuando comienzan a calentarse los avances. Porque Chávez y Colazo, los dos volantes que más pisaron el área de All Boys, no eligieron del mejor modo cuando debieron hacerlo. Porque Mouche, que otra vez demostró que anda bien para el desborde, esta vez erró en la definición y en la asistencia a un Palermo desconectado. Y toda esa poca claridad de un Boca que a pesar de todo tuvo muy buenas chances para irse al descanso con un par de goles arriba, le dieron confianza al equipo de Romero que lentamente empezó a crecer y a quitarle un poco más la pelota a su rival. Sin Ortega ni Grazzini enchufados, la posesión se emparejó y el tiempo se fue convirtiendo en un aliado de los de Floresta.

El paso de los minutos obligó a Boca a ir en busca del gol, en busca de la victoria. Y, si con tiempo no tuvo la suficiente lucidez para dar el golpe de gracia, con el apremio del cronómetro esta carencia se evidenció, y la sombra de Riquelme empezó a materializarse con la impaciencia del público que clamó por su ídolo.

Ni siquiera el ingreso de Erviti pudo con la barrera de 4 mediocampistas y 4 defensores que plantó All Boys cuando, decididamente, empezó a ver al empate como un negocio millonario. El ex Banfield se paró al lado de Battaglia, como un doble cinco que rompe la línea de volantes, igual a lo que hacía en su ex equipo. A contramano de lo que pretendió Falcioni con el ingreso del marplatense, los avances de Boca se redujeron a centros que buscaron la cabeza salvadora de Palermo. El creador por el medio pero el juego por los costados. Un contrasentido que en ese contexto, de obligación, desorden y confusión, terminó sellando un 0 a 0 que le deja un sabor amargo a este Boca, pero que favorece a la construcción de ese mito que ayer merodeó la Bombonera aun estando ausente.

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