El martes, la Federación Internacional de Historia y Estadística del fútbol nombró a Boca como el mejor equipo sudamericano de la década comprendida entre 2001 y 2010. Las paradojas del calendario quisieron que este título quedara en manos de un equipo cuyo presente no demuestra ni el mínimo atisbo de merecerlo. Este equipo que desde que Russo abandonó el cargó de entrenador sufrió el destape de un montón de cuestiones extrafutbolísticas que sobrevinieron añadidas a los malos resultados . Aquel Boca campeón de América 2007 y subcampeón del mundo en Yokohama ante el Milan fue tomado por Carlos Ischia. El Pelado, que venía de renunciar en Rosario Central, asumió como la apuesta escondida del entonces presidente Pedro Pompillio. La irregularidad del Clausura 2008 quedó marginada por el buen fútbol que el equipo desplegó a lo largo de la Copa Libertadores hasta la eliminación ante Fluminense. En el torneo siguiente consiguió su único título, el Apertura de ese año, después de sortear la asunción inusitada de Jorge Amor Ameal como Presidente tras la muerte de Pompillio, en aquel histórico triangular ante San Lorenzo y Tigre. Para ese entonces, unas declaraciones de Julio César Cáceres en una radio paraguaya en las que el defensor atacó la supuesta falta de compromiso de Juan Román Riquelme, habían atizado las diferencias dentro del plantel. Ischia duraría poco más de aquel éxito en el torneo doméstico. Sería la primera víctima de una crisis que iba tomando forma, esclavo del peso que significaba no ganar La Copa después tantas celebraciones en tan pocos años, dio un paso al costado a mitad de 2009 tras de una dura derrota ante Racing que derivó en el interinato de Abel Alves.
Era el turno de Basile, quien en su anterior etapa había logrado ciento por ciento de efectividad, cinco títulos de cinco. Este segundo ciclo del Coco produjo un punto de inflexión. Es que la investidura del dos veces técnico de la Selección, quien duró apenas un campeonato en su cargo a pesar de las muy buenas incorporaciones que llegaron con él, materializó la gravedad de la situación. Ni su mano dura pudo acabar con las divergencias dentro de un plantel que ya hasta se manifestaba públicamente por alguno de los dos líderes, Palermo y Riquelme, ni su experiencia logró mermar la sucesión de las derrotas. Renunció después de una derrota en el clásico veraniego ante River en Mar del Plata.
Otra vez Alves, capitán de tormentas que ante la falta de decisión por otras opciones de mayor renombre terminó quedándose con el puesto de técnico oficial, aunque su estadía,más corta que larga, desembocó, luego de un arranque en el Clausura 2010 que fue el peor en la historia del club en los torneos cortos, en el nombre de Roberto Pompei que al igual que El Chueco accedía al cargo asfixiado por el objetivo de menguar una crisis que a esa altura se tornaba insoslayable, a pesar de las jugadas de Ameal y compañía para solucionar los problemas. Uno de esos intentos fue la contratación del técnico del momento, Borghi, que llegaba con el aura de haberse consagrado campeón con Argentinos Juniors y acompañado de siete refuerzos con presente como para no sufrir la adaptación a este nuevo infierno con sede en Bransen 905. Sin embargo, el resultado volvió a repetirse. Antes del comienzo del campeonato se produjo un quiebre dentro de la Comisión directiva por la renovación del contrato de Riquelme: estaban aquellos que, con el Presidente a la cabeza, proponían que el nuevo vínculo fuese por cuatro años y los otros, cuya cara más conocida era la del ex tesorero Daniel Angelicci quien luego terminaría presentando la renuncia, que consideraban que el diez debía seguir por dos temporadas más . En medio de este clima, El Bichi no pudo encontrar el equipo, no pudo instalar sus criterios que chocaron siempre contra la raigambre del club en una de las cuestiones más discutidas de julio a esta parte: la defensa, la famosa línea de tres, para muchos causante del fracaso Borghi, que tampoco contó con Riquelme quien recién reapareció en la fecha 13, una antes de la salida del reciente ex entrenador.
Hoy ,otra vez con Pompei que asumió el cuarto interinato desde 2009, el equipo buscará sumar la mayor cantidad de puntos en lo que resta del Apertura para la lucha...¿por entrar a una copa?, no, para evitar futuras complicaciones con la Promoción .
"En diciembre llegará otro técnico", este el discurso que la dirigencia de Boca ofrenda a todo aquel que pida explicaciones sobre el momento. El cálculo errático, una variante infatigablemente repetida a lo largo de los dos años de la gestión Ameal, otra vez presente en el tamiz particular de una CD que deberá resolver de manera express y desechando la planificación, sólo en un mes, el nuevo nombre que comandará a un Boca que arde, y arderá más a medida que trascurra el 2011, año de elecciones presidenciales. Todo parece caliente, hasta las decisiones de quienes deberían mantenerse con el mayor grado de frialdad posible, pero que apresuran el ritmo contando los votos, fiados en la prerrogativa del mal presente de River, testigos de un ciclo que repite sus secuencias año tras año desde 2007. Renuncia, interinato, asunción, Renuncia...El Boca cíclico.
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