
Godoy Cruz goleó a Boca 4 a 1 en la Bombonera y quebró la ilusión del equipo de Falcioni luego de un verano prometedor. Ruben Ramírez en dos oportunidades, Carlos Torres y Sánchez marcaron para el Tomba mientras que Erviti, que hizo se debut, había descontado para el xeneize, que a pesar de la vuelta de Riquelme y de las caras nuevas volvió a mostrar las mismas dudas de torneos anteriores.
La ilusión era inmensa. La renovación del cuerpo técnico y un equipo considerado por la gran mayoría como el principal candidato, despertaban en el hincha de Boca la esperanza de un comienzo de año acorde a tanta conjetura previa. Sin embargo, esa alegría contagiosa que se vivió desde muy temprano en la Bombonera, fue apaciguándose en el desarrollo del partido, en cada gol de Godoy Cruz que cortó la cálida tarde como si fuese un puñal helado y le devolvió al hincha xeneize esa amarga sensación de torneos anteriores. La duda, la crítica hacia las fallas de su equipo, y la desazón porque otra vez la ilusión duró nada más que noventa minutos fueron el final inesperado de un público que se retiró incrédulo del estadio.
Ni siquiera el arranque del partido hicieron prever lo que vendría al final. Porque Boca mostró, a pesar de que rápidamente le tocó ir perdiendo, una actitud similar a la de ese equipo que se ganó todos los elogios durante el verano. La vuelta de Riquelme influyó en ese rendimiento, y mientras el 10 estuvo activo Boca dominó claramente a Godoy Cruz y si no pudo anotar fue por la falta de precisión en la estocada final de sus delanteros, o por la gran actuación del arquero Torrico. En ese contexto, Boca dominador y el Tomba siendo sometido, el equipo mendocino abrió el marcador: a los 13, un centro desde la izquierda que García le erró en el cálculo y no llegó a cortar le cayó en la cabeza al debutante Ramírez que la empujó al arco vacío. Delirio en el equipo del Pollilla Da Silva e incertidumbre por el lado de Julio César Falcioni.
Después de la ventaja a favor del visitante, Boca intensificó sus ataques. Y ahí se vio la mejor versión del equipo de Falcioni. Porque Calvo, por momentos, emuló al Negro Ibarra y empezó a aparecer siempre como una alternativa en ataque, se asoció con Mouche y se sumó al canal de juego construido a partir del tándem Riquelme y Erviti. Boca metía mucha gente en ataque y así estuvo a punto de convertir. Primero Erviti desperdició un mano a mano que salvó bien Torrico, al igual que Mouche aunque la del delantero fue más clara. También lo tuvo Riquelme con un remate de media distancia pero el palo salvo a los mendocinos, y otro tiro de Battaglia que se metía en un ángulo hizo lucir otra vez al arquero visitante. Sorteó bien Godoy Cruz el momento de zozobra y dio otra estocada letal. Después de una jugada prolija que incluyó varios toques, otro centro del costado, pero esta vez por bajo y desde la derecha, encontró en Ramírez un receptor de lujo que fusiló a García y desniveló en dos el marcador. Antes, el arquero juvenil de Boca había fallado en otro centro: la pelota se le escapó de las manos y un defensor tombino la empujó de cabeza, pero el línea ya había levantado la bandera por off side. De esta manera, ante la incertidumbre de un público incrédulo y el delirio de los visitantes, se iban los primeros 45.
La ilusión era inmensa. La renovación del cuerpo técnico y un equipo considerado por la gran mayoría como el principal candidato, despertaban en el hincha de Boca la esperanza de un comienzo de año acorde a tanta conjetura previa. Sin embargo, esa alegría contagiosa que se vivió desde muy temprano en la Bombonera, fue apaciguándose en el desarrollo del partido, en cada gol de Godoy Cruz que cortó la cálida tarde como si fuese un puñal helado y le devolvió al hincha xeneize esa amarga sensación de torneos anteriores. La duda, la crítica hacia las fallas de su equipo, y la desazón porque otra vez la ilusión duró nada más que noventa minutos fueron el final inesperado de un público que se retiró incrédulo del estadio.
Ni siquiera el arranque del partido hicieron prever lo que vendría al final. Porque Boca mostró, a pesar de que rápidamente le tocó ir perdiendo, una actitud similar a la de ese equipo que se ganó todos los elogios durante el verano. La vuelta de Riquelme influyó en ese rendimiento, y mientras el 10 estuvo activo Boca dominó claramente a Godoy Cruz y si no pudo anotar fue por la falta de precisión en la estocada final de sus delanteros, o por la gran actuación del arquero Torrico. En ese contexto, Boca dominador y el Tomba siendo sometido, el equipo mendocino abrió el marcador: a los 13, un centro desde la izquierda que García le erró en el cálculo y no llegó a cortar le cayó en la cabeza al debutante Ramírez que la empujó al arco vacío. Delirio en el equipo del Pollilla Da Silva e incertidumbre por el lado de Julio César Falcioni.
Después de la ventaja a favor del visitante, Boca intensificó sus ataques. Y ahí se vio la mejor versión del equipo de Falcioni. Porque Calvo, por momentos, emuló al Negro Ibarra y empezó a aparecer siempre como una alternativa en ataque, se asoció con Mouche y se sumó al canal de juego construido a partir del tándem Riquelme y Erviti. Boca metía mucha gente en ataque y así estuvo a punto de convertir. Primero Erviti desperdició un mano a mano que salvó bien Torrico, al igual que Mouche aunque la del delantero fue más clara. También lo tuvo Riquelme con un remate de media distancia pero el palo salvo a los mendocinos, y otro tiro de Battaglia que se metía en un ángulo hizo lucir otra vez al arquero visitante. Sorteó bien Godoy Cruz el momento de zozobra y dio otra estocada letal. Después de una jugada prolija que incluyó varios toques, otro centro del costado, pero esta vez por bajo y desde la derecha, encontró en Ramírez un receptor de lujo que fusiló a García y desniveló en dos el marcador. Antes, el arquero juvenil de Boca había fallado en otro centro: la pelota se le escapó de las manos y un defensor tombino la empujó de cabeza, pero el línea ya había levantado la bandera por off side. De esta manera, ante la incertidumbre de un público incrédulo y el delirio de los visitantes, se iban los primeros 45.
En el complemento se dio la lógica. Los de Falcioni yendo a buscar ráudamente el descuento y los de Da Silva aguardando e intentando aprovechar una contra. En Boca, Erviti empezó a soltarse y pudo ser el descanso de un Riquelme que con el transcurso de esa segunda mitad fue pagando con cansancio la falta de actividad. Palermo tuvo un mano a mano pero se apuró y elevó el remate: otra vez la eficiencia le sonreiría sólo al equipo visitante.. A los 6 minutos aprovecharon uno de esos contra ataques que se les presentó y consumaron una goleada. Adrián Torres recibió un centro a las espaldas de Calvo y fusiló a García, abajo sobre el palo derecho.
El sueño que estaba viviendo el equipo mendocino nunca se vio amenzado. Ni siquiera cuando Erviti, a los 13, la empujó desde la media luna para marcar el descuento. Es que, con este gol, el local reaccionó aunque con ideas no del todo claras. Riquelme ya no era el mismo que en el primer tiempo y las subidas de los laterales, de tan recurrentes, dejaron de causar sorpresa. La esperanza quedó en los ingenios de Mouche por las bandas, que logró desbordar bastante aunque ningún centro pudo ser conectado ni por Palermo ni por la entrada de los volantes. Se esfumaba el partido y la victoria del Tomba no peligraba pese a algunas claras que tuvo Boca: una más de Palermo, una aparición de Calvo y un tiro libre de Riquelme.
Cuando el partido moría y la victoria de Godoy Cruz era irreversible, Carlos Sánchez puso la estocada final, la frutilla del postre, el cuarto gol. Definió ante García mano a mano después de un contra ataque por derecha. Ese gol marcó el final del partido y el abatimiento otra vez copó el semblante de cada hincha local, que no entendían cómo podía ser que los que festejaban eran los miles de mendocinos que coparon la tribuna popular visitante. La duda, la incertidumbre y la amargura, tan común en el Boca de los últimos torneos, no desapareció en este primer partido del 2011. La llegada de refuerzos, la asunción de Julio César Falcioni, la vuelta de Riquelme y la contratación de Erviti no pudieron licuar la desazón y el delirio. La algarabía fue de aquel que llegó a una fiesta sin invitación, Godoy Cruz. Da Silva, inteligente, experimentado en esto de cerrar partidos por su paso por Defensor Sporting, se llevó un triunfo que no estaba en los planes ni del más escéptico hincha del Tomba.
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